Depresión y trauma
Hace un tiempo hablé de la ansiedad, pero no me había puesto a escribir aún sobre la depresión, y menos aún su vínculo con el trauma o las situaciones potencialmente traumáticas.
¿Qué es la depresión?
Muchas veces pensamos que es una sensación de tristeza momentánea, motivada por algo que ha ocurrido a nuestro alrededor. Sin embargo, la depresión es mucho más que tristeza.
La depresión es un trastorno del estado de ánimo que afecta a la persona en diversos ámbitos de su vida, dependiendo de las características personales, consumos, contexto vital, etc.
Las alteraciones son emocionales, cognitivas, en el funcionamiento psicosocial, las conductas.
Durante muchos años se habló de depresión unipolar y bipolar para distinguir cuadros claramente diferenciados. Lo que comúnmente llamamos depresión es la unipolar. Y de ella hablaremos hoy.
Síntomas de depresión
Los síntomas varían según la edad de la persona. En personas con edades entre los 6 y 18 años veremos:
Irritabilidad grave y persistente. Que muchas veces son evidentes como arranques de cólera tanto verbal como a nivel de conducta. No es una respuesta a la frustración, sino un estado general.
Dificultades en el establecimiento y mantenimiento de relaciones sociales. Así como desinterés en actividades recreativas.
Bajada en el rendimiento escolar o académico por problemas para mantener la concentración y la atención, así como por disrupciones en los procesos de memoria. Suele observarse un descenso notable en las calificaciones.
En personas adultas vemos síntomas semejantes, aunque con ciertas adaptaciones:
Estado de ánimo deprimido, que se suele describir como tristeza, desesperanza, estar “por los suelos”, incluso sentirse con carencia de estado afectivo.
Pérdida del interés y placer por actividades habituales y hobbies, así como reducción del interés o deseo sexual. Todo esto se puede observar en un menor interés por los contactos sociales y la presencia de cierto aislamiento.
Existe una alteración en los ritmos biológicos, como son alteraciones de sueño (déficit o exceso), en el apetito o peso (déficit o exceso). Asimismo, hay alteración psicomotriz (enlentecimiento o agitación).
Suele relatarse disminución de la energía, cansancio, que se acompaña de sentimientos de inutilidad o culpa, lo que propicia una autovaloración negativa.
Se presentan dificultades para pensar, concentrarse y/o tomar decisiones, así como para recordar cosas. Esto puede llevar a conflictos en el ámbito laboral o académico.
Tanto en la población infanto-juvenil como en los adultos puede darse la presencia de pensamientos recurrentes de muerte, así como ideación y conducta suicida.
Depresión y trauma
Algunos estudios indican que vivir situaciones de negligencias, abuso físico y/o sexual en la infancia es un factor de riesgo para el desarrollo de depresión en la edad adulta.
Asimismo, estudios realizados con población infanto-juvenil han demostrado que este patrón también se mantiene, no solo cuando ellos son receptores de la violencia, sino también cuando son testigos de la misma.
La investigación también pone en evidencia que la severidad de la sintomatología está bastante vinculada a la vivencia de dos o más situaciones traumáticas. Sin embargo, algunos estudios plantean que lo que influye es el tipo de trauma vivido y la gravedad del mismo.
Es importante prevenir las situaciones potencialmente traumáticas, y trabajar de manera temprana cuando ocurren, ya que las investigaciones han demostrado una alta correlación entre éstas y síntomas de depresión, ansiedad, TEPT.
A su vez, puede interferir en el correcto desarrollo de la autoestima y en las habilidades sociales.
