El duelo

Todos, o casi todos, hemos pasado por situaciones de duelo. Casi todos hemos vivido la pérdida de alguna persona querida o cercana.

El duelo, está constituido por todas las reacciones físicas (falta de apetito, insomnio, cefaleas, etc.), emocionales (tristeza, falta de interés o motivación, etc.) y sociales (retraimiento, dificultad para seguir rutinas, etc.) que se producen tras la pérdida. Y las sensaciones pueden variar tanto en su duración, como en su intensidad; dependiendo de cada persona y de cada momento.

Hay que entender al duelo como un proceso de adaptación, y como toda adaptación puede costarnos más o menos, no hay una guía de “cómo adaptarse a…”.

Hasta hace unos años se consideraba que había un tiempo máximo (6 meses) para hacer esta adaptación, estando definido en los manuales diagnósticos este período y las reacciones.

Actualmente entendemos que cada persona lo hace a su manera y con sus tiempos, despatologizando la reacción a un hecho natural, la muerte.  

Es conocido que el duelo tiene diversas fases, a lo largo de la historia han ido variando la manera de conceptualizarse, pero lo importante es que se distinguen momentos donde las cogniciones y conductas de la persona van cambiando, aquí quedan resumidas en cuatro fases.

Al recibirse la noticia, se produce la negación o shock inicial. En esta primera fase no somos capaces de comprender y aceptar la información sobre la pérdida. Algunas personas actúan como si no hubiese ocurrido nada y otras, en cambio, se paralizan.

Una vez que la información se ha procesado, aparece la irritabilidad e ira en la búsqueda de la persona perdida. Durante esta fase pueden aparecen reproches a uno mismo, pérdida de seguridad y una bajada de autoestima.

Cuando comienza a asimilarse la nueva situación, aparecen los sentimientos de tristeza y falta de interés vital. La persona comienza a comprender que no se recuperará al ser perdido.

Finalmente, aparece la aceptación de lo ocurrido. La información ha sido asimilada y la persona adapta su vida a la nueva situación, volviendo a la rutina preestablecida, con las modificaciones oportunas para el caso.

Factores protectores

Algunos factores de nuestra vida nos ayudan a llevar estas situaciones de manera tal que el sufrimiento no se cronifique o no implique un dolor insoportable, permitiendo el avance por las etapas recién mencionadas.

Estos son algunos de esos elementos.

Recursos personales, como la gestión emocional, estilo de vida equilibrada, aficiones gratificantes, ausencia de psicopatología previa. Incluso tener la capacidad de encontrar un sentido a lo que ha ocurrido.

Paso del tiempo y retomar la rutina diaria, son elementos que ayudan a avanzar en el proceso del duelo y aceptar la nueva situación. “El tiempo todo lo cura”.

Apoyo familiar y social, así como disfrutar de cierta seguridad económica.

Como vemos, los factores de protección disminuyen al mínimo el stress vital previo. Esto favorece que la persona pueda focalizarse en la asimilación de la nueva situación.

Factores de riesgo

Pero, al momento de valorar a alguien que está viviendo un duelo, también tenemos que pensar si hay factores que podrían poner en riesgo el normal desarrollo del procesamiento, pudiéndose cronificar o volverse un problema de salud mental.

Carencia de herramientas personales para afrontar situaciones, así como antecedentes de psicopatología (ansiedad, depresión, obsesiones, etc.).

Muertes traumáticas, especialmente las violentas. Observándose que las situaciones violentas con características múltiples dificultan más la resolución del duelo. En este sentido, la falta de cuerpo hace más difícil su procesamiento.

La relación que se tenía con la persona fallecida, se considera que la muerte de descendientes es de las más traumáticas, cerca del 20% de los padres que pierden hijos no logran superarlo nunca.

Tener experiencias negativas de pérdidas anteriores, sobre todo cuando éstas son relativamente recientes, y particularmente intensas y/o duraderas.

Dificultades psicosociales diversas (precariedad económica, reducido círculo social, tener que hacerse cargo de niños pequeños, etc.).

Todos estos elementos nos hacen despertar las alarmas, y poner a disposición de la persona que está atravesando una pérdida distintos recursos, con el fin de ayudarla a superarlo lo mejor posible.

Duelo patológico

Se considera que un duelo es patológico cuando aparecen algunas de las siguientes señales de alarma.

Aparición de alucinaciones, sobre ver o escuchar a quien falleció.

Incapacidad para volver a la rutina, teniendo conductas desadaptativas como falta de cuidado personal.

Pueden aparecer constantes autorreproches, irritabilidad, tristeza patológica, ansiedad. Alteraciones en los ciclos circadianos, problemas de alimentación, consumo excesivo de alcohol, etc.

Aumento de consultas médicas por malestar físico general, como dolores corporales, cefaleas pronunciadas, estreñimientos, etc.

Las personas que presentan estas características requerirán de un trabajo terapéutico psicológico y, posiblemente, farmacológico.

La manera de trabajar sobre el duelo dependerá no solo de las características del mismo, sino también (y especialmente) de quién sea la persona que lo está viviendo. No es lo mismo trabajar con niños que, con adolescentes, adultos, o adultos mayores sobre estos temas. Las implicaciones en cada caso son diferentes.

Consulta las fuentes

American Psychiatric Association (2014). DSM-5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed.). Madrid, España: Editorial Médica Panamericana.

Cabodevilla, I. (2007). Las pérdidas y sus duelos. Anales del Sistema Sanitario de Navarra, 30(Supl. 3), 163-176.

Colomo Magaña, E. (2016). Pedagogía de la muerte y proceso de duelo, cuentos como recurso didáctico. REICE Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, 14(2), 63-77.

Echeburúa, E., y Herrán Boix, A. (2007). ¿Cuándo el duelo es patológico y cómo hay que tratarlo? Análisis y Modificación de Conducta, 33(147), 31-50.

Flórez, S.D. (2002). Duelo. Anales del Sistema Sanitario de Navarra, 25(Supl. 3), 77-85.

Gala León, F.J., Lupiani Jiménez, M., Raja Hernández, R., Guillén Gestoso, C., González Infante, J.M., Villaverde Gutiérrez, M. C., y Alba Sánchez, I. (2002). Actitudes psicológicas ante la muerte y el duelo, una revisión conceptual. Cuadernos de Medicina Forense, 30, 39-50.

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