Longanimidad o crecimiento postraumático
Longanimidad es una palabra poco conocida, y la RAE la define como:
“Del lat. longanimĭtas, -ātis.
-
- f. Grandeza y constancia de ánimo en las adversidades.
- f. Benignidad, clemencia, generosidad.”
Este concepto, muy cercano al de resiliencia, está más vinculado a lo que se conoce como “crecimiento postraumático”. Lo que implica, no solo adaptarse y sobreponerse a la situación adversa que se haya vivido (ser resiliente), sino aprender de ella y desarrollar nuevas herramientas vitales; e, incluso, obtener beneficios de la misma.
No es, en ningún caso, gracias al trauma que se crece. El trauma ofrece una posibilidad de cambio, y el crecimiento se produce gracias al esfuerzo que hace la persona que ha vivido una situación traumática o estresante para reinterpretar la vida y cambiar las cogniciones previas.
Los eventos estresantes que han sido estudiados que han desarrollado una respuesta de este tipo son muchos y muy diversos. Aquí recojo los que hay evidencia, pero no son los únicos.
Eventos naturales diversos: terremotos, tsunami, alud, incendio forestal, etc.
Diagnóstico de enfermedades de diverso tipo, como la artritis reumatoide, infección de VIH, distintos tipos de cáncer, trasplante de médula, infarto, enfermedades infantiles.
Accidentes viales, o incendios domésticos.
Duelos o pérdidas inesperadas, o especialmente violentas.
Diversas formas de victimización interpersonal, como la agresión o abuso sexual, ser secuestrado, ser refugiado. A su vez, se incluye también ser combatiente de guerra.
Todos podemos desarrollar este tipo de respuestas ante eventos estresantes. Al igual que la resiliencia, el crecimiento postraumático es dinámico. Sin embargo, algunos estudios resaltan los siguientes factores que favorecen a este tipo de respuesta:
Fortaleza y confianza en uno mismo, y propósito vital. Las personas con elevada autoeficacia confían en sus habilidades para afrontar las situaciones desafiantes de manera exitosa; teniendo, también, una mayor claridad y estabilidad en sus metas.
El apoyo social es un predictor importante, sobre todo en las mujeres. Las redes de contención social permiten realizar una narrativa sobre los acontecimientos traumáticos, lo que ayuda a procesar y superar la angustia que la situación comporta. Las relaciones interpersonales, también, favorecen la autoestima y confianza, promoviendo el punto anterior.
Las personas optimistas transforman sus objetivos y metas en comportamientos; esto ayuda que consideren las situaciones traumáticas y/o estresantes como un desafío, que aumenta el compromiso y control de las emociones para hacerle frente con éxito.
Vale, ya sabemos qué es el crecimiento traumático, qué situaciones han generado este tipo de respuesta, factores que ayudan a que se desarrolla, pero ¿qué observamos en las personas que han conseguido el crecimiento postraumático?
Sensación de crecimiento personal y aprendizaje sobre capacidades, habilidades y resistencia propia. Percibiéndose un aumento de la sabiduría y el conocimiento práctico, y sobre uno mismo.
Mejor valoración cualitativa vital, realizándose una apreciación subjetiva de lo que se tiene, lo que se es, y las prioridades vitales. Incluyéndose, también, la sensación de tener suerte; lo cual es visto en muchas personas que se sienten afortunadas por el desenlace que han vivido, apreciando que podría haber sido peor.
También se ha observado un aumento o fortalecimiento de los lazos con las creencias espirituales o existenciales; mostrando un mayor compromiso con las mismas. Encontrándose, incluso, que personas que no tenían creencia religiosa comienzan a creer.
Como vemos, la teoría del crecimiento postraumático nos explica que las experiencias adversas que vivimos pueden ser una oportunidad de crecimiento personal, más allá de la angustia o problemas que pueda llegar a generarnos.
