Secuelas del trauma

En otra entrada has podido saber qué es el trauma, ahora te propongo que nos adentremos un poco en las secuelas (consecuencias) que un trauma puede tener para quien vive este tipo de acontecimientos.

Primero hay que aclarar un punto fundamental. No todas las situaciones potencialmente traumáticas tienen que dejar secuelas inmediatas y evidentes. Algunas secuelas pueden aparecer años después o, incluso, pueden no generar tales.

En cualquier caso, estén o no presentes, no podemos apuntarlas como algo descabellado. ¿Qué quiero decir con esto? Si estás preparando una ensalada, y te cortas con el cuchillo… ¿esperarías que no saliese sangre o que no te doliese? Pues eso, que el trauma no se pueda ver, como una herida externa, no significa que no lo sea.

Esto significa que todas las reacciones son normales, y siempre deberemos trabajar para que estas no interfieran con el discurrir habitual de nuestra vida. Y, si se consolidan en un trastorno, trabajar para atenuar y/o eliminar sus síntomas.

Veamos algunas de las consecuencias más habituales:

Enfermedades crónicas no transmisibles y conductas de riesgo, como puede ser el consumo de sustancias y alcohol. A su vez, en la victimización infantil se lo ha vinculado con mayor propensión a desarrollar obesidad, diabetes y otro tipo de enfermedades crónicas.

Dificultades en la salud sexual y reproductiva, como puede ser el dolor pélvico crónico. Este tipo de dificultades suele darse, principalmente, ante situaciones de trauma sexual.

Alteraciones de salud mental y problemas de conducta, como el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), depresión, ansiedad, problemas de alimentación y sueño, incluso ideas y conductas suicidas.

Lesiones físicas diversas, dependiendo del tipo de trauma ante el que nos encontremos. Hablamos de heridas físicas que pueden comportar una discapacidad temporal o permanente.

Alteraciones cognitivas y del desarrollo, como bajo rendimiento académico/laboral, dificultades en el habla, dificultades en la atención y concentración.

Problemas de relación, como inseguridad, desconfianza, conducta antisocial, retraimiento social, etc.

Cabe destacar que cada tipo de trauma tendrá su propio perfil potencial de consecuencias. Vivir una situación traumática no implicará, automática e inequívocamente, experimentar todo este listado de posibles síntomas.

Que estas consecuencias aparezcan o no dependerá del tipo de evento, de la edad de la persona afectada, de sus recursos y características previas.

De todos los mencionados, quizás el TEPT sea el más conocido, dada su complejidad por la cantidad de síntomas que implica te invito a que leas la entrada en el blog que habla específicamente de él.

Quiero que tengas en cuenta algo fundamental, que no tengas síntomas no significa que no haya pasado o que no haya sido importante, espero que nadie te haga sentir que una situación no ha sido “para tanto” porque estás bien. Para cuánto ha sido depende exclusivamente de ti. Y, si necesitas ayuda, aquí estaré para brindártela.

Consulta las fuentes

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Butchart, A., y Mikton, C. (coords.).  Informe sobre la situación mundial de la prevención de la violencia 2014. Washington, D.C.: OPS, 2016.

de Jong, R., Alink, L., Bijleveld, C., Finkenaauer, C., & Hendriks, J. (2015). Transition to adulthood of child sexual abuse victims. Aggression and Violent Behavior, 24, 175-187.

Maniglio, R. (2009). The impact of child sexual abuse on health: A systematic review of reviews. Clinical Psychology Review, 29, 647-657.

McGuire, A., & Jackson, Y. (2018). A multilevel meta-analysis on academic achievement among maltreated youth. Clinical Child and Family Psychology Review, 21(4), 450-465.

Posek, B.V., Carvelo Baquero, B., y Vecina Jiménez, M.L. (2006). La experiencia traumática desde la psicología positiva: resiliencia y crecimiento postraumático. Papeles del Psicólogo, 27(1), 40-49.

Saywitz, K. J., Mannarino, A. P., Berliner, L., & Cohen, J. A. (2000). Treatment for sexually abused children and adolescents. American Psychologist, 55(9), 1040-1049.

Sylvestre, A., Bussières, È. L., & Bouchard, C. (2016). Language problems among abused and neglected children: A meta-analytic review. Child Maltreatment, 21(1), 47-58.

Turner, H.A., Finkelhor, D., & Omrod, R. (2006). The effect of lifetime victimization on the mental health of children and adolescents. Social Science & Medicine, 62(1), 13-27.

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