Resolución de conflictos
Habitualmente entendemos los conflictos como situaciones de alta tensión, difíciles de resolver. Solemos adjudicar un sentido negativo a la palabra, como si fuese sinónimo de violencia. Pero no tiene por qué ser así.
Un conflicto está dado por la incompatibilidad que observamos entre modos de actuar, objetivos, percepciones, y/o emociones. Y esto es válido tanto para los conflictos personales, como sociales o grupales.
Saber resolver estas situaciones no solo es útil para llevarlo acabo de manera constructiva, sino que puede ayudarnos a prevenir síntomas y patologías de salud mental. Asimismo, es útil para evitar resoluciones violentas que pueden implicar mayores perjuicios para todos los implicados.
Revisemos qué factores contribuyen al desarrollo de buenas estrategias para la resolución de conflictos:
La empatía, entendida como el acercamiento a las emociones y pensamientos que tiene otra persona sobre un tema concreto. Entender al otro permite una resolución pacífica y consensuada de los conflictos interpersonales.
Estrategias de resolución basadas en el compromiso y transigencia, fomentando la actitud de “ganar-ganar” y aceptando que los demás pueden tener opiniones diferentes a las nuestras y no, por ello, menos válidas.
El estilo comunicativo asertivo nos permitirá abordar la situación, en lugar de evitarla (pasividad) o ser destructivo con la otra postura (agresividad).
Disponer de conocimiento sobre el tema que se está tratando. La información incompleta puede propiciar el inicio del conflicto, por lo que ampliarla puede ayudar a buscar soluciones que contemplen diversas posturas.
Muchos de estos factores son aplicables no solo a los conflictos interpersonales, sino también a los personales. Mejorando las herramientas disponibles para la gestión de situaciones.
Hay muchas maneras de resolver conflictos, algunas son informales (las que usamos habitualmente) y otras se ven enmarcadas en procesos formales (como las mediaciones judiciales).
La modalidad de elección dependerá del tipo de conflicto, la actitud de los involucrados, y/o la gravedad de la situación.
Adelantarnos, y trabajarlo de manera preventiva, es imprescindible cuando tenemos dificultades en las interacciones sociales de base, como puede ser en los casos de niños, niñas y adolescentes con TDAH, TEA, ansiedad.
Este aprendizaje es capaz de mejorar la tolerancia a la frustración, la búsqueda de resoluciones pacíficas, mejora la autoestima, etc.
Sin embargo, como sociedad, no estamos acostumbrados a hacer entrenamiento en resolución pacífica y, en ocasiones, normalizamos las soluciones violentas o poco adecuadas. El famoso “cachete correctivo”, los gritos, dietas extremas, y un sinfín de modalidades.
Los adultos tenemos la obligación, no solo de enseñarles a los más jóvenes a resolver conflictos, sino también de poner en práctica aquellas modalidades más sanas de hacerlo. Debemos educar en la cultura de la paz.
¿Sabes resolver conflictos? Si quieres puedo darte una mano.
