Alimentación y salud mental

Somos seres bio-psico-socio-espirituales. Esto significa que debemos encontrar un equilibrio entre diversos aspectos de nuestra vida para poder disfrutar de cierto un estado de bienestar. En los últimos años las investigaciones han puesto el foco en la interacción que se genera entre alimentación y la salud mental.

Tres campos principales de estudio

En este campo podemos encontrar investigaciones que apuntan en diferentes investigaciones y que muestran lo complejo que puede resultar y la cantidad de interacciones que pueden brindarse, veámoslo:

Cómo las emociones influyen en las elecciones y rutinas alimentarias. Por ejemplo, algunos estudios han demostrado que las personas consumen mayor cantidad de alimentos cuando están aburridas, deprimidas o cansadas; comiendo menos cuando sienten miedo, estados de tensión y/o dolor. Asimismo, las personas que sienten bienestar suelen hacer elecciones más saludables que quienes no se sienten bien con sus vidas. Ocurriendo esto mismo con el tamaño de las porciones y la impulsividad con la que se ingieren los alimentos. Las emociones consiguen desarrollar la sensación de hambre, pero de tipo psicológico.

Cómo los alimentos y dietas pueden generarnos estados diversos a nivel emocional y conductual. En este sentido existen como dos aspectos: por un lado, aquellas personas que se obsesionan con la pérdida de peso y esto lleva a distorsiones en la imagen corporal, alteraciones en la autoestima, etc. Pero también tenemos un aspecto vinculado al bienestar que muchas personas sienten cuando comienzan a realizar una dieta balanceada. E incluso, el placer cuando se ingieren determinados alimentos, por ejemplo, el azafrán aumenta el deseo sexual, el chocolate suele degustarse como placentero.

Cómo la alimentación y nuestra salud mental pueden interferir en la microbiota y, a su vez, esta alterar en la segunda. En los últimos años se han hecho diversos estudios sobre qué tipo de alimentos pueden alterar el correcto funcionamiento de nuestra microbiota (que son todas aquellas bacterias saludables que nos ayudan a conseguir un óptimo estado de salud). Pero también se ha incrementado el interés por conocer cómo una alteración en la microbiota intestinal puede afectar y/o estar involucrada en la salud mental. Algunos estudios demuestran alteraciones en casos de TDAH, así como la doble influencia entre el stress y la microbiota que se retroalimentan entre sí.

Llevar adelante una dieta balanceada (incluso la que nuestras madres la lleven antes y durante la gestación) genera beneficios de cara a la constitución de la microbiota de cada uno.

La alimentación no solo influye en nuestras emociones, tiene un papel fundamental para el desarrollo cerebral y, por ende, de su correcto funcionamiento.

Esto hace que sea imprescindible introducir una alimentación saludable desde edades tempranas.

A su vez, por este camino de doble vía, si queremos conseguir objetivos físicos sería recomendable comenzar con un proceso terapéutico paralelo que nos ayude a controlar las emociones y cogniciones que pueden llevarnos a incurrir en déficits o excesos nutricionales.

Consulta las fuentes

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